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Porque conviene mirarlo todo con detenimiento:

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sábado, 4 de febrero de 2017

Los mutantes

MUTANTES

Manafaraimin:

1.     Historia
Manafraimin nació en una ciudad dormitorio alrededor de la capital de España, Madrid, en Europa occidental. Hijo de padres con pocos estudios. La madre de Manafaraimin falleció cuando todavía el mutante era muy niño y vive apegado a su padre, quien no tiene tiempo para él porque debe trabajar muchas horas en trabajos mal remunerados, muy físicos y muchas veces en duras condiciones como son los trabajos al aire libre. Por eso, quizá, el padre de Manafaraimin muchas veces bebe demasiado o acepta cuando le invitan a tomar drogas.
2.     Relaciones familiares
Manafaraimin creció cuidado a veces por su abuela, a veces en alguna casa de acogida u orfanato, a veces cuidado por su tía y otras veces pasó largas horas solo en casa o en la calle entreteniéndose con otros niños que siempre eran distintos o con algún adulto que en ocasiones le proponía acompañarlo a su casa. No se sabe cómo, pero Manafaraimin sabía que eso no le convenía y nunca lo hizo, lo que no le libró de escuchar alguna historia escabrosa y algunos deseos adultos escatológicos o soeces. Ahora, cuando acaba de cumplir 14 años, el niño está empezando a entender aquellas historias y todavía no ha decidido cómo debe reaccionar ante ellas.
3.     Relaciones fraternales
Hay un chaval más pequeño que Manafaraimin que lo mira con admiración e inquietud. Es su hermanastro, nacido de una esporádica relación del padre con una joven de la localidad y de la cual el padre de Manafaraimin ha considerado que no debía hablar con su primogénito. Al pequeño hermanastro su madre sí ha considerado apropiado hablarle de quién es su padre y de quién es su hermano.
4.     Retrato
Manafaraimin es un mutante y no se parece a los terráqueos, pero entre los de su raza no llama mucho la atención. Aunque tiene dos piernas y dos brazos, como todos, la diferencia está en su cabeza, porque no tiene frente, pues, por encima de las cejas, su cráneo es completamente plano. Eso no impide que tenga un estupendo cabello que cuida con mimo y que procura llevar bien cortado y bien peinado. Él cree que no es el más guapo de los mutantes a los que conoce, pero tampoco cree que sea del todo feo. De hecho, le interesan las mutantes y tiene una gran amiga con la que comparte momentos de ocio y en la que busca compañía y comprensión muchas veces. También tiene algunos amigos, mutantes a los que admira porque le parece que son gente divertida, amable, leal y que le confortan cuando las cosas se ponen mal. Cree que puede contar con ellos y está dispuesto a ponerse en peligro por ayudarlos en cualquier cosa pequeña o grande que pueda surgir y que él considere que puede vulnerar la dignidad o integridad física de uno de ellos. Le encanta ser el centro de atención del grupo, y procura hablar más alto que nadie, hasta el punto de que tiene la voz rota.


5.     Sensaciones
Manafaraimin intenta no meterse en demasiados líos, pero está bastante enfadado y en general no sabe por qué. Le gustan sus amigos, pero, a pesar de que no puede vivir sin ellos, no puede parar de llamar su atención y de fastidiarla de cuando en cuando, de modo que se enfadan mucho con él, o él se enfada mucho con ellos. Eso, por lo menos, parece real y más comprensible. El otro enfado permanente que lo acompaña es mucho más difícil de entender. Un psicólogo quizá diría que ese enfado permanente es consigo mismo, pues no puede comprender que le asalten a la vez sentimientos de cariño hacia el recuerdo efímero de la madre muerta, pero al mismo tiempo le asalte una rabia ciega contra ella por haberlo dejado huérfano tan pronto. Una madre debería morir solo cuando el hijo ya sea capaz de valerse por sí mismo, y no abandonarlo cuando es muy pequeño. Claro que, cuando siente esta rabia contra su madre, inmediatamente le asalta un sentimiento terrible de culpabilidad y no sabe qué hacer con él. Evidentemente, de esto no habla con nadie, pues le da muchísima vergüenza solo pensar en decir en voz alta que toda esta tormenta de sentimientos lo asalta muy a menudo. Así, vive con un miedo constante a que se le escapen o se le noten esos miserables pensamientos. Pero todavía le dan más miedo algunos otros mutantes. Pues hay mutantes que son más fuertes que él, que son más grandes, que tienen poder porque se atreven con todo. Manafaraimin está fascinado con el crimen, le parece que los criminales disfrutan de una libertad, atrevimiento y conocimiento del mundo que es fascinante. Él no se ha atrevido todavía a cometer ningún delito, pero está sopesando seriamente si, tal como es la vida de poco amable con él, le convendría iniciar un camino delictivo y que, sin duda, lo convertiría en un tipo mucho más duro e insensible, con lo que quizá conseguiría olvidar que tuvo madre. Lo único que lo mantiene en el lado correcto de la ley es su padre, pero este está tan abrumado por su propia vida que Manafaraimin está valorando si le importaría o no que su hijo desapareciera. De esta manera, el joven Manafaraimin sobrevive al día a día, pero es agotador tener tantas dudas y zozobras, por lo que suele dar patadas a todos los objetos que encuentra y puñetazos a todos los supuestos obstáculos, aunque a veces el resultado sea que consigue tener un dolor sordo en un pie o en una mano. Definitivamente, un dolor físico es bastante más soportable que un dolor espiritual. Por eso, Manafaraimin no se da cuenta de la muchísima violencia que desarrolla. También se desfogaría con los juegos violentos que le gustan. Pero el acceso a los videojuegos es algo que hay que ganarse y Manafaraimin, en general, se da cuenta que lo que ha hecho merecerá un castigo después de haberlo hecho. Por eso pasa gran parte del día golpeándose en broma/en serio con sus amigos. Ese contacto tiene un beneficio adicional: es un contacto físico, que tanta falta le hace. De todas formas, sus juegos preferidos o sus fantasías preferidas son la de ser francotirador, tener una puntería excelente y eliminar limpiamente a todo el que se interponga en lo que él cree su felicidad o la de aquellos a los que cree que debe ayudar (capítulo este que daría para un libro de muchas páginas).
6.     El futuro
Para Manafaraimin el futuro no existe. La vida transcurre en el día actual, en el momento exacto en el que está. No calcula consecuencias de sus actos, ni se plantea que lo que haga hoy tendrá jamás una repercusión en el ser en el que se convertirá cuando sea adulto. Por lo tanto, se comporta de forma muy inconsciente y se hace daño innecesario constantemente, consiguiendo que otros le peguen, le castiguen o le hagan la vida un poco más difícil. Al fin y al cabo, él se comporta de igual modo con los demás. Cuando alguna vez se le plantea qué será de él dentro de unos años, confía en que para entonces “todo” se arreglará, lo suyo no es la reflexión y muchísimo menos la responsabilidad. En estas cosas es poco más que un bebé “dame, dame, dame, dame”.
7.     Ayudas y deseos
Manafaraimin sabe que los adultos se ofrecen a ayudarle, pero que no permanecen. Se lo mostró su madre claramente al morir: él no fue razón suficiente para que ella decidiese quedarse ¿por qué iba a quedarse ningún otro? Esto le lleva a no confiar plenamente en ningún otro adulto, jamás. Tampoco es capaz de enumerar qué le interesa o qué le apetece. En general le apetece hacer lo que no está haciendo en ese momento. Quiere ver cumplidos sus deseos de forma inmediata. Sabe que hay muchísimas cosas en el mundo, lo ve en internet, y quiere muchas de ellas, pues poseer puede quizá aplacar la soledad en la que muchas veces se encuentra. Pero conseguir esas cosas no es fácil Se necesita dinero y Manafaraimin ni lo tiene ni se le ocurre cómo conseguirlo. 


Proyecto de Salomé Blanco López

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